Entre el bosque y la memoria: abejas que habitan nuestros corazones

Red Nicaragüense de Meliponicultura

Observar la lenta y forzada desaparición de abejas nativas y sus saberes nos ha convocado a analizar nuestras realidades y reflexionar colectivamente sobre los desafíos que enfrentamos y las maneras de hacerlo. Somos personas de todos los rincones de Nicaragua que nos juntamos localmente. En todos los espacios vamos construyendo confianza, cuidado, disfrute, relaciones horizontales y estrategias compartidas, en un ciclo permanente de reflexión-acción-práctica enriquecida.

Cuando nos juntamos, reflexionamos sobre nuestra relación con las abejas nativas y los territorios. Reconocemos que es un vínculo profundo y sanador, que nos regresa a nuestro centro, a nuestra memoria, a nuestra esperanza individual y colectiva. Nos juntamos porque muchas veces nos sentimos solos y solas, preocupados por el futuro de las abejas y la vida; frente a esa preocupación, nuestra estrategia es juntarnos e imitar una colmena de abejas nativas. Por eso construimos nuestra identidad como guardianes de abejas nativas: conversar, sentir, intercambiar entre todes, con el bosque y las abejas nativas. Uno de los mayores tesoros que recogemos durante los encuentros es reconocer que no estamos solos ni solas, que no somos las únicas personas "locas" por las abejas nativas, sino que somos muchas las que sentimos y vibramos en amor con la tierra.

A través de muchos años de encontrarnos, hemos evidenciado que la crianza de abejas nativas resignifica y recupera el valor que tienen las redes de vida. Al observar el interior de una colmena es posible deducir si hay floración o no, si hay agroquímicos o no, si hay sequía, lluvia, etc. Entonces, organizar el trabajo en una parcela para la salud de las abejas nativas posibilita recuperar saberes ancestrales y que el quehacer agroecológico sea enriquecido y holístico, conectado con lo espiritual y material del territorio. No desde conceptos impuestos, sino desde la realidad cotidiana de la gente.

Para nuestros corazones, las abejas nativas son "guías", "amigas", "familia", "vida", "esperanza", "alegría", "fuerza", "ejemplos de perseverancia y dedicación". Nuestra experiencia permite afirmar sin miedo que la relación entre seres humanos y abejas nativas crea cosmovisiones, sostén y esperanza en un mundo en crisis. Esta relación con las abejas nativas es un elemento de unión entre los pueblos a nivel local, regional, latinoamericano y caribeño, y es también un eslabón indispensable para generar esperanza, unión y paz entre los pueblos.

Para nosotros, las abejas nativas son maestras de cómo vivir en el mundo de forma ética; representan el amor profundo a nuestras raíces, al territorio y a todos esos seres: la semilla, el agua, el bosque. El amor a la cultura, a la vida, al trabajo hecho por nuestros ancestros y a nuestro propio caminar. Por eso decimos que cada uno de nosotros es un ser humano-abeja nativa, y que juntos somos la colmena nativa de Nicaragua que poliniza la memoria y la esperanza.