Jicotes: Nicaragua, los territorios de mieles y el poder de la palabra

Por Dra. Yorlis Luna Delgado

Caminando por una polvosa calle del Pacífico de Nicaragua, por ahí donde los dos grandes lagos de Nicaragua se comunican, en un lugar llamado Tipitapa (tierra del petate caliente), don Sinforiano Mayorquín Largaespada, de 90 años, me cuenta cómo era antes aquí:

     "Uuu, antes aquí eran unas mieladas, en esta fecha teníamos mucha miel, de todo tipo, de jicote manso; todas las casas tenían jicotes guindados alrededor de la casa... Antes las mujeres se aliviaban de los bebés solo con miel de jicote; se le daba a los bebés recién nacidos y a los enfermos. Al cosechar, se le daba a los niños miel con tortilla, pues no había caramelos; también miel con pinol, que se llamaba níspero, y se guardaba miel con cususa y jiñocuabo para las gripes. Ahora los jicotes se están perdiendo, el río está seco, no hay miel... Todo hay que rescatarlo, porque son nuestros, como esta tierra; porque nosotros somos de aquí, yo soy de aquí, y nos toca cuidar la tierra y trabajar la tierra."

Mientras este anciano conversa sobre los jicotes, fija su mirada más allá del tiempo, y el negro café de sus ojos pareciera brillar más. Su mirada y su sonrisa nos llevan a tiempos recientes, donde el olvido aún no había tocado la puerta de nuestras casas. Es que las comunidades campesinas son descendientes directas de los pueblos originarios y son reservorios vivos de saberes ancestrales. En las comunidades de Nicaragua, a las abejas de la familia Meliponini, o abejas nativas sin aguijón, se les conoce y nombra como jicotes, palabra que viene del náhuatl xīcohtli (xicotl).

Nicaragua es un país con una gran riqueza en el conocimiento ancestral y contemporáneo de las abejas indígenas. Podemos decir que en el país no hay una sola meliponicultura, sino diversas meliponiculturas, ubicadas en contextos sociales, históricos, culturales y ambientales diversos. Las personas en los territorios conocen y se relacionan con 34 especies de abejas nativas sin aguijón, y al menos 22 son cuidadas intencionalmente. Estas tienen una gran variedad de nombres comunes en lenguas indígenas, asociados con la biología y el comportamiento de las especies.

La mayoría de los nombres locales de las abejas indígenas en Nicaragua proviene del náhuatl. Por ejemplo, "tamagás" proviene del náhuatl tlamacazqui (sacerdote u ofrendante) o de la deidad indígena Tamagastad, y aún en las comunidades le llaman la abeja bruja o misteriosa; también está el nombre "chispita" (pequeño); el nombre "soncuán" viene de zontli(cabello/cabeza) y cuani (el que come o se atrapa), por la tendencia de esta abeja de enredarse en el pelo; "chicopipe" viene del náhuatl xicotl (jicote) y pipilli (niño o pequeño), lo que significa "pequeño jicote". Lo mismo pasa con "tacanate" o "talcanete", que viene del náhuatl tlalliconetl (de tlalli, tierra, y conetl, hijo). El hecho de que estos nombres locales aún estén vivos en náhuatl es un profundo indicador de los conocimientos ancestrales y del vínculo profundo con las abejas nativas, que sobreviven al paso del tiempo y de la modernidad. También el hecho de que sea en náhuatl, y no en mangue u otro idioma indígena local, se debe a que el náhuatl era el idioma de comercio entre pueblos y tenía una gran relevancia cultural.

Agosto de 2026

Fuente: Luna, Y, 2023. Tesis Doctoral Maestras abejas y mediadores pedagógicos de la agroecología en Nicaragua.

En mi caminar abejero por cada rincón de Nicaragua, la gente mayor me ha contado no solo los nombres comunes, sino que antes no había azúcar; que el azúcar era para los ricos, y que solo se consumía miel de jicote para la comida, la medicina y la salud espiritual. Por ejemplo, los almíbares de Semana Santa, los dulces de calabaza, de mamey, de piñuela o de leche, se hacían con miel nativa. Esto nos da una idea de la abundancia de la miel, y de la salud de los nidos y de los ecosistemas.

También en Carazo me han contado que el almíbar no llevaba mango, sino que se hacía con mamey y aceituna. Muchas recetas medicinales, como la mistela para el parto, eran a base de miel de jicote. Sin embargo, no solo la miel era usada: se usaba el cerumen para hacer una mezcla con aceite para las marimbas y curar las maderas específicas para instrumentos musicales; el propóleo y el "cementerio" del tamagás, para medicina contra infecciones y problemas uterinos; y el polen, para problemas de la próstata.

Muchos saberes ancestrales que viven en la memoria del campo están asociados a la medicina natural, a la alimentación y a la profunda observación de los ciclos naturales de la vida. Por ejemplo, la gente cree que las abejas avisan los cambios de clima y los tiempos de lluvia, así como pregonan bendiciones o problemas familiares. Si un nido se cae repentinamente, es indicador de que alguien va a morir. Si la miel se derrama en el suelo accidentalmente, es aviso de cambios. Y existen creencias de que, si las personas dañan a las abejas, vendrán catástrofes y mala suerte caerá sobre la familia.

También me han contado que no todas las mieles son iguales con respecto al frío y al calor, ni en sus usos en el cuerpo: la miel de mariola siempre se ha usado para la vista y el oído; la miel de jicote, para el útero y las gripes, pues se considera caliente; la miel de tamagás, para bendecir lugares, poner brujerías y quitar brujerías; y las mieles de soncuán, para consumo en momentos especiales. Cada miel y cada abeja guarda una memoria, y esa memoria está en cada familia nicaragüense, en cada abuelo y abuela que recuerda, que confía y que sostiene en su propio cuerpo los hilos del tiempo: esos tiempos en que los jicotes eran parte indispensable del cuidado y el bienestar familiar.

Estos hilos siguen vivos, y es nuestra responsabilidad histórica no dejar que desaparezcan: por las niñeces y las infancias, por cada niño que nace o viene en camino, y para que sus raíces no dejen de florecer.

Usos, medicina y espiritualidad

No obstante, no solo se conocen y trabajan las especies del grupo Meliponini, sino, en general, las abejas indígenas: a las del género Euglossina y Augochlora les dicen "bailarinas", y a las abejas Xylocopa, Bombus y Centris les dicen "ron-ron".

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